Escambray

Categorías:Noticias
Yosvaldo Saroza

Cascada Guanayara

Hay quien le dice “sierra”, pero una sierra es una cordillera pequeña. En realidad, se trata de un macizo montañoso que lleva el nombre aborigen de Guamuahaya. El Escambray es una porción de tierra ubicada en el centro de la Isla que se yergue en picos, y se despeña en barrancos y cascadas. A sus pies, la villa colonial de Trinidad, y los pueblos de Cumanayagua y Manicaragua. Por la costa sur discurre la recién remozada carretera, cuyos puentes curvos rebasan las playas de piedra y sedimento, donde desembocan en el Mar Caribe los urgentes ríos escambrayanos. La mayor elevación es el Pico San Juan, con 1140 metros. Del lomerío, el hombre extrae café, madera y miel, y en sus entrañas se encuentra el yacimiento de uno de los cuarzos más puros del mundo.

Tres provincias comparten esta geografía: Cienfuegos, Villa Clara y Sancti Spíritus, pero todos los caminos conducen a Topes de Collantes. Allí se encuentra desde mediados del pasado siglo el monumental sanatorio de tuberculosis, hoy Kurhotel Escambray. A menos de dos horas de marcha, se llega a los saltos Vegas Grandes y el Caburní. Un tanto más alejados –accesible preferiblemente en vehículo– las cascadas de Guanayara y el Nicho. Este último es uno de los sitios de acampada más populares entre la juventud cubana. El Escambray se pasea en camión o en jeep, pero se conoce andando senderos que llevan a cuevas, a saltos de agua, a los bosques, y a la casa del campesino donde se tuesta al sol el grano del cafeto, o zumban las abejas sobre el panal cercano.

Los ríos Guanayara, Negro y Jibacoa alimentan el embalse Hanabanilla. En sus aguas hay pesca y paseos en bote; en sus riberas: excelentes senderos para practicar trekking. Son una experiencia las noches en el hotel Hanabanilla, donde se mezclan la imagen de un cielo oscuro y estrellado con el extraño sonido –futurista acaso– de los generadores de la mayor central hidroeléctrica de Cuba. A continuación, tras un acopio de paciencia o de espíritu madrugador, contemplar el amanecer desde el balcón será otra sensación inolvidable.

Porque el Escambray se vive con los cinco sentidos. Sabe a café serrano, a fruta fresca y a comida hecha con ingredientes naturales. De noche se escucha el canto de las cigarras. De día, el repicar de un pájaro carpintero y el viento se cuelan entre los árboles del bosque. El paisaje se enturbia a veces, pero no es neblina, sino una nube traviesa que envuelve la montaña y se marcha como mismo llegó. Uno se queda andando entre helechos arborescentes, envuelto en el olor húmedo del eucalipto, del pino, y de mariposa blanca. Luego, la sensación de agua limpia del arroyo que se escapa entre los dedos.


Tomado de OnCubamagazine.com

Deja un comentario

Name*
Email*
Url
Your message*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>